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Usar IA para tu invención puede costarte la patente

Imagina que una persona desarrolla un concepto innovador: un sistema portátil de purificación de agua que funciona con energía solar, capaz de llevar agua potable a comunidades remotas o zonas afectadas por desastres. La persona tiene clara la necesidad del mercado, el problema que quiere resolver y la visión del producto final. Sin embargo, al no contar con formación o conocimiento experto en ciencias ni en ingeniería, recurre a una inteligencia artificial (IA) para que "simplemente complete" los detalles técnicos: el tipo específico de membrana, el proceso de filtración bajo condiciones variables de presión y turbidez, y el sistema de gestión energética.


La IA prepara una respuesta altamente técnica, la cual incorpora la descripción de su invención y procede a presentar una solicitud de patente. El problema es que, aunque la idea inicial es ciertamente humana y válida, los elementos técnicos críticos que hacen que una invención funcione fueron generados por la IA sin que el inventor los concibiera ni pudiera validarlos.


Este escenario ilustra una de las manifestaciones más sutiles y peligrosas del uso de la IA en el proceso inventivo. Existe otra, más evidente y ya discutida ampliamente: el caso del usuario que parte de un concepto vago y delega en la IA prácticamente toda la creación, desde el concepto hasta la solución técnica. En ese caso, rara vez existe un inventor humano real que haya concebido la invención, y la solicitud difícilmente superará un examen de patentabilidad.


En el fondo, ambos casos son manifestaciones de un mismo problema básico: la falta de creación genuina por parte del inventor. Pero el segundo caso, que es el que quiero destacar, es más riesgoso precisamente porque es más difícil de detectar, tanto para el inventor como, a veces, para el profesional de patentes que le asiste.


Patente - purificación de agua

El vacío técnico y la ilusión de completitud


Muchos inventores, especialmente aquellos sin formación técnica especializada en el campo de su invención, conciben con claridad el "qué" y el "para qué". Saben qué problema quieren resolver y qué resultado desean obtener. Pero carecen del conocimiento técnico necesario para definir el "cómo" específico, o sea, el mecanismo, la estructura, el proceso o el algoritmo que hace posible ese resultado.


En ese vacío, la IA puede actuar como un "coinventor silencioso". Propone la membrana de filtración, la arquitectura específica para un software, la aleación o formulación del material, o la secuencia precisa de pasos de un proceso. El riesgo fundamental es que, justamente porque el inventor no concibió esos aspectos, tampoco tiene herramientas para evaluar si la propuesta es técnicamente viable, si ya existe en el estado de la técnica, si funciona bajo condiciones reales de uso, o si es posible implementarse sin experimentación excesiva.


Consideremos otro ejemplo, pero en el campo del software. Un inventor concibe una aplicación que optimiza rutas de entrega en tiempo real integrando datos de tráfico, clima y demanda variable. La idea de negocio es atractiva y el problema técnico está bien identificado. Sin embargo, el algoritmo específico de optimización (la lógica matemática real que resuelve el problema de manera óptima) lo genera la IA. Si ese algoritmo resulta ser una implementación conocida de un problema clásico, sin mejora técnica sustancial ni inesperada, la solicitud difícilmente cumplirá con los requisitos de patentabilidad, por más atractiva que sea la aplicación comercial.


La línea que los profesionales de patentes no podemos (ni debemos) cruzar


Como profesionales de patentes, nuestra función es comprender, documentar y proteger lo que el inventor efectivamente concibió. No podemos extrapolar, inferir ni generar los aspectos técnicos esenciales que el inventor no nos ha proporcionado. Hacerlo nos convertiría, en la práctica, en los verdaderos inventores de esos elementos.


Esta distinción tiene consecuencias legales directas:

  • La ley de patentes de Estados Unidos exige que los inventores sean personas naturales, y que cada inventor nombrado haya contribuido a la concepción de la invención tal como se reivindica. Si los elementos técnicos críticos provienen de la IA y el inventor nombrado no los concibió, la designación de los inventores puede ser incorrecta.

  • La descripción de invención debe demostrar que el inventor estaba en posesión de la invención completa en la fecha de presentación, y debe enseñar a un experto en la materia cómo hacer y usar la invención sin experimentación excesiva. Entonces, si el inventor no comprende realmente la solución técnica generada por la IA, es muy probable que la descripción falle en estos requisitos esenciales.

  • Una patente sobre una invención concedida de esta manera puede ser vulnerable en litigios posteriores, reexámenes o procedimientos de oposición. Además, existe el riesgo de incumplir el deber de franqueza (Duty of Candor) ante la USPTO si no se maneja adecuadamente el origen de la información técnica.


Dicho de forma clara: la descripción que el inventor nos entrega es la materia prima con la que trabajamos. No la generamos nosotros, ni la completamos con inferencias propias. Si esa materia prima está incompleta o contiene soluciones técnicas que el inventor no concibió ni comprende, el resultado podrá ser, en el mejor de los casos, una solicitud débil que no se distingue del estado de la técnica y, en el peor, una que protege algo que nunca podría implementarse de manera confiable en el mercado real.


La IA sí puede ser una herramienta valiosa


No se trata de rechazar el uso de la IA en el proceso de innovación y patentamiento. Al contrario, es una herramienta extraordinariamente útil cuando se usa correctamente, como por ejemplo:

  • Para realizar búsquedas del estado de la técnica (prior art).

  • Para organizar ideas, estructurar la descripción o pulir la redacción, una vez que el inventor ha concebido los elementos técnicos esenciales.

  • Para generar alternativas o variaciones de realizaciones, una vez que el núcleo inventivo está claramente definido por el inventor.

  • Para ayudar a identificar posibles problemas de patentabilidad o para traducir y analizar documentos técnicos.


El límite se cruza cuando la IA sustituye la concepción humana de la solución técnica específica que resuelve el problema. Esto es sumamente crítico toda vez que el inventor debe ser capaz de explicar, con sus propias palabras, cómo funciona la invención, por qué la solución es mejor que lo anterior, y qué alternativas consideró.


IA inteligencia artificial patente

La responsabilidad que no se delega


El mensaje es directo: la responsabilidad de concebir la invención como un todo, incluyendo sus aspectos técnicos esenciales, recae, y debe seguir recayendo, sobre el inventor. La IA puede asistir en muchas etapas del proceso inventivo y de documentación, pero lo que no puede hacer, y lo que ningún profesional de patentes debe suplir, es reemplazar el acto genuino de creación técnica que da origen a una invención verdaderamente funcional y patentable.


Para inventores: si al describir tu invención te encuentras completando espacios en blanco con lo que la IA sugiere, sin entender verdaderamente por qué esa solución funciona, detente. Profundiza en ese conocimiento técnico, prototipa, valida experimentalmente o asóciate con alguien que tenga el conocimiento necesario antes de comenzar a preparar la solicitud de patente. Documenta tu proceso de concepción, fechas, borradores, experimentos y decisiones; esa documentación puede ser invaluable para demostrar la autoría humana.


Para profesionales de patentes: recordemos que nuestra labor es proteger lo que el inventor efectivamente concibió, no completar lo que dejó sin resolver. Cuando detectemos lagunas técnicas significativas que el inventor atribuye a la IA, tenemos la responsabilidad de educar al inventor, explicar los riesgos y recomendar los pasos necesarios, como colaboración técnica, validación e I+D adicional, antes de preparar y presentar la solicitud. Esa distinción no es meramente técnica, sino que define si estamos ante una invención legítima o ante una ilusión de invención que puede generar costos, frustraciones y riesgos innecesarios para todos los involucrados.


La IA está transformando la manera en que innovamos, y eso es positivo. El reto real es integrarla de forma responsable, asegurando que el corazón de toda patente, la concepción humana de una solución técnica específica y valiosa, permanezca sólido. Solo así el sistema de patentes seguirá cumpliendo su propósito: incentivar el desarrollo de las ciencias y proteger la verdadera creatividad humana.

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